
Muestras de orina en un laboratorio. (AP)
AIGLE.- La Unión Ciclista Internacional (UCI) debería recibir este mes las recomendaciones de los expertos para saber si puede abrir los primeros procedimientos disciplinarios por los resultados del pasaporte biológico, la verdadera revolución en la lucha antidopaje.
El ciclismo es el primer deporte que se lanzó, a finales de 2007, a la aventura del pasaporte biológico, que consiste en establecer un perfil de cada corredor a partir de varias de sus muestras sanguíneas y de orina.
Si desde hace 40 años la lucha antidopaje se limitaba principalmente a encontrar rastros de un producto prohibido en la orina o la sangre de un deportista, el pasaporte biológico marca un cambio de filosofía: no son las pruebas directas las que permiten condenar a un atleta de dopaje, sino variaciones anormales de sus propios parámetros biológicos que sirve como referencia.
La UCI posee ahora los perfiles de unos 800 corredores. Si la federación internacional no quiere publicar el número de casos sospechosos entre esos 800, no ha tenido demasiado reparo en decir que los hay.
"Para nosotros es importante que los primeros casos sean muy sólidos", insiste Anne Gripper, responsable de la comisión antidopaje de la UCI. "E incluso si para ello puede resultar frustrante la cantidad de tiempo que lleva, vamos a ser pacientes y muy prudentes para que los primeros casos estén perfectamente acreditados por un examen científico y legal detallado en lugar de precipitarse y tener casos que sean objeto de apelación", resalta.
Para evitar que un tribunal encuentre un defecto de forma, como ha sido frecuente en la historia de la lucha antidopaje, la UCI, con la ayuda del laboratorio antidopaje de Lausana, debió asegurarse de que cada uno de los resultados fue obtenido siguiendo todos los protocolos en vigor, pero también de poseer todos los documentos necesarios para probarlo.
"Se identifica cada resultado que contribuyó a formar ese perfil para ver si cada resultado en sí mismo puede ser considerado como válido", subraya el asesor científico de la UCI, Mario Zorzoli.
Este trabajo penoso está a punto de terminarse y los documentos unidos a los perfiles, a veces de un centenar de páginas, deberían transmitirse esta semana a los expertos independientes a los que la UCI ha encargado los análisis.
"Los expertos darán sus recomendaciones. Y será la comisión antidopaje la que decida si se abre un procedimiento antidopaje, como en un control clásico", explica Enrico Carpani, jefe de prensa de la UCI.
Si debe haber sanciones, serán las federaciones nacionales de los corredores implicados quienes las determinen. "Eso puede alargar un poco más el proceso", precisa Carpani.
Por más que este pasaporte biológico no es una idea nueva, su puesta en marcha suscitó reticencias durante mucho tiempo, por miedo a ver los casos enfangarse en los juzgados.
Como el ciclismo sirve de banco de pruebas, otras federaciones, en primer lugar la de atletismo, esperan con gran interés los primeros resultados antes de poder incorporarse al proyecto.
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