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EL Nº1 DEL MUNDO HIZO DE CADDIE PARA UN AFICIONADO

'Tiger, pásame el hierro cuatro'

Woods atiende la bandera en uno de los nueve hoyos que jugó Abel. (Foto: AP)

Woods atiende la bandera en uno de los nueve hoyos que jugó Abel. (Foto: AP)

Actualizado miércoles 22/10/2008 14:04 (CET)
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MARIO DÍAZ

MADRID.- En West Berlin (Nueva Jersey), cada vuelta de John Abel está por debajo de los 100 golpes y amenaza con romper la barrera de los 90 en breve. La forma de conseguirlo es sencilla: conservar el trébol de cuatro hojas que le hizo ganador de un concurso por internet. El premio, jugar nueve hoyos con el caddie mejor valorado del panorama internacional, pues es el mejor jugador de planeta, así que algo debe de saber de golf.

Además, el escenario no podría ser mejor para que Tiger Woods demostrase sus conocimientos, el campo sur de Torrey Pines, el mismo en el que ha conquistado seis Buick Invitational –cuatro de ellos de forma consecutiva–, el mismo en el que logró su último triunfo, el pasado US Open allá por el mes de julio.

"Hola, he oído que estás buscando un caddie. Soy Tiger Woods, encantado de conocerte". Sencillo, transparente, agradable, "un hombre con los pies en la tierra", tal y como lo definió el afortunado. El californiano tenía que cumplir con uno de sus principales patrocinadores y lo hizo de mil amores, incluido el chaleco verde con el nombre de Abel a la espalda y el de su mecenas por delante: "Ya lo he hecho muchas veces, y estar ahí y hacerlo de nuevo siempre es divertido".

Para él, seguro; para John Abel, quizás no tanto. Nervios, sudores fríos, manos temblorosas. Un torrente de sensaciones que el amateur no había experimentado en la previa de cualquiera de los torneos en los que ha participado, pues en ninguno estaba el californiano a su lado ni varias cámaras, fotográficas y de televisión, registraban cada uno de sus golpes. Para tener mal cuerpo.

Suerte que Tiger estaba allí. Condujo el cart, le pasó los palos, los limpió después de cada golpe y devolvió la toalla a la bolsa, ayudó con la lectura de la velocidad y de la caída de los greens y atendió la bandera en todos los putts. "Fue muy divertido. Estoy acostumbrado a coger el palo y devolverlo a la bolsa, nunca piensas en cosas como ésta", esgrimía un Abel que comenzó con un cuádruple bogey y se llevó del campo de San Diego una entretenida conversación y más de un buen consejo: "Me enseñó cosas que jamás se me habían ocurrido, como cuando pisó un bunker y lo sintió con los pies".

Todo fue diversión, desde el principio, cuando Tiger observó muy de mañana desde su habitación que la bandera del 18 ocupaba la misma posición que en su interminable playoff ante Chris DiMarco en el US Open del mes de junio. "¿Sabes qué? Recuerdo aquel golpe", se dijo primero a sí mismo para confirmarlo después cuando acompañaba a Abel: "Ése es el putt". El bigotudo golfista estaba en la misma situación, unos cuatro metros antes del hoyo, cuesta arriba y con la bandera al final del green. Abel falló, por supuesto.

Aquel golpe fue el último de Tiger. La evidente cojera ocultaba unos ligamentos dañados y una fractura por estrés en la tibia de su pierna izquierda. Dolencias que no impidieron al de Cypress superar 91 hoyos y apuntarse su decimocuarto torneo de Grand Slam. Una semana después pasó por el quirófano y no será hasta principios de 2009 cuando reaparezca en el circuito de la PGA estadounidense."De momento soy capaz de jugar el chip y el putt, pero no comenzaré con ejercicios de mayor rotación –de la rodilla– hasta principios del año que viene. Puedo andar y hacer todo tipo de cosas, pero lo que se refiere a las rotaciones va a ser algo bastante diferente".

Habla Tiger, visiblemente frustrado por desconocer cuándo podrá reaparecer: "Para un aficionado no es un gran problema volver a los nueve o a los 10 meses, pero para mí...". De todas formas, el californiano ya sueña con reaparecer en el campo de Torrey Pines, muy cerca de su casa, para defender su último título allí el próximo mes de febrero.

De hecho, el proceso de rehabilitación cumple los periodos establecidos por los médicos, quienes serán los que decidan la fecha de su regreso a la alta competición, algo que no parece sencillo según las palabras del afectado. Tiger ya ha reconocido en más de una ocasión que no alcanzará su máximo nivel de juego hasta el año 2010: «Los cirujanos tampoco saben cuándo podré regresar porque nunca se han enfrentado a una lesión de este tipo en un jugador profesional de golf».

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